Cien años de ingenuidad

portadamayo2013En medio del actual auge de la novela gráfica, ha ido surgiendo un sub género interesante, el de comic biográfico (que no autobiográfico, que de ése hay mucho), dedicado a relatar la vida de algún personaje importante, lo cual sería equivalente a las biopic, esas películas que dramatizan la vida de grandes, y no tan grandes, personalidades (Ghandi, Hoover, Chaplin, Ed Wood). En cómic el género es menos prolífico pero ha dejado algunas obras muy valiosas, Carlos Sampayo, el creador de Alack Sinner, ha escrito 3 biografías de músicos Billie Holiday, Fats Waller y la reciente de Carlos Gardel, llevando el sub género a una cima de calidad narrativa y artística muy alta (el Carlos Gardel dibujado por José Muñoz es una auténtica obra de arte). El dibujante alemán Reinhard Kleist ejecuta Johnny Cash: I See a Darkness, la biografía de Johnny Cash, que quizá sea la mejor de todas las novelas bio (gráficas) realizadas hasta la fecha. El griego Alecos Papadatos escribe y la francesa Annie Di Donna dibuja y entre ambos llevan a cabo la ambiciosa Logicomix. Una búsqueda épica de la verdad, un excelente volumen que reconstruye tanto la vida como la obra de Bertrand Russell, aunado a las conversaciones que los autores del libro sostienen mientras lo realizan, recorriendo las calles de Atenas. Kiki de Montparnasse, la musa de numerosos artistas de los años 20 en París, se convierte junto a Man Ray en la protagonista de una bellisima novela gráfica a cargo de  José-Louis Bocquet en los textos y Catel en los dibujos, que reconstruye con vitalidad toda una época y que cuenta con cameos de personajes tan interesantes como Modigliani, Duchamp, Desnos, Picasso o Cocteau.

Es evidente que ninguna de estas obras fue tomada como referencia para hacer la biografía de García Márquez en cómic, y no por lo que dijo Alfonso Zapico, el autor de Dublinés, la biografía dibujada de James Joyce, quien señaló que la vida del autor irlandés era su única inspiración. No, el editor, el guionista y los cuatro dibujantes de Gabo, memorias de una vida mágica no usaron ninguna de estas referencias porque no les interesaba el tema, ni siquiera les interesaba García Márquez. Además de las fallas de todo tipo que tiene el libro: errores en los dibujos, en la rotulación, torpeza en la narración, mal diseño, (¡ni siquiera los globos de los diálogos están bien dibujados!), este volumen adolece del peor de los defectos: una falta absoluta de autenticidad. La única razón por la que se hizo este libro fue aprovechar la fama del escritor moribundo. Adaptar alguno de sus relatos habría sido más interesante, pero habría que pedir autorizaciones y  pagar derechos, para hacer esta mediocre biografía no, y en cambio pueden explotar al personaje para vender libros de mala calidad. Comparado con las obras mencionadas en el primer párrafo, Memorias de una vida mágica, acusa una ingenuidad equivalente a la de los afiches cinematográficos de Ghana, no obstante siempre habrá imbéciles capaces de afirmar tonterías como que “Gabo es el gran superhéroe colombiano”, y por ende, habrá a quién venderle el libro. Idea ingeniosa e ingenua en el fondo, es como si se le hubiera ocurrido a uno de esos personajes que aparecen en las películas de Pasolini, que roban comida y huyen.

La primera vez que oí hablar de este proyecto pensé que la vida de García Márquez no era definitivamente una vida emocionante como para convertirla en una historia (como lo podría ser la vida de Dostoievsky, o la de William Burroughs), pensé también que el dibujante escogido, Miguel Bustos, era muy malo. Cuando abro el libro me retracto de las dos cosas, yo no soy un experto en García Márquez, solo leí sus novelas en orden cronológico hasta el Otoño del patriarca (que no terminé), aunque leí eso sí, el muy valioso análisis Historia de un Deicidio, de Vargas Llosa, que es uno de los mejores tratados de teoría literaria que existen y El Olor de la guayaba, libro de conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza donde se relatan todas las anécdotas que se cuentan en el cómicAl empezar a leer Memorias de una vida mágica recordé que sin ser una historia emocionante, la vida de un escritor siempre puede ser interesante (solo que aquí la cuentan de la forma más aburrida), y que el contexto histórico y geográfico de García Márquez hubiera podido ser el marco para hacer algo realmente valioso. De Miguel Bustos había visto unas ilustraciones bastante deficientes y aunque su forma de dibujar no es de las que más me gusta, debo decir que su capítulo del libro es el único que parece un cómic, en el  que las viñetas buscan decir cosas aparte de las muy cursis e innecesarias observaciones del narrador en off. En los siguientes capítulos a cargo de diversos ilustradores, el dibujo se va degradando cada vez más (el último es abiertamente espantoso), y la narración es reiterativa,  sosa, plagada de rimbombantes clichés (“conocería a la que sería el amor de su vida, su compañera inseparable, su cómplice en la literatura, la mujer que le daría todo el apoyo para que pudiera cumplir sus sueños”) o de escenas que producen vergüenza ajena (un joven García Marquez detenido ante el Liceo Nacional de Zipaquirá hablando solo y diciendo “qué frío hace”). En suma, me encuentro que el dibujante que menos me gustaba es el que lo hace menos mal (¿por qué no dibujó él todo el libro?) y que la historia podía haber sido interesantísima, si no hubieran caído en ese tono de cartilla educativa. Los dibujos en general son desaliñados, seguramente hechos con innecesaria premura, seguramente no muy bien pagados. Muy posiblemente el editor de este volumen ignora que una novela gráfica de 160 páginas es un trabajo de varios años, no de meses, seguramente además, no le importan esas cosas. Es paradójico, el escritor más universal y más mundano que ha tenido Colombia da pie a un libro parroquiano, mezquino y miserable. Como dijo hace unos cuantos siglos Sor Juana Inés de la Cruz sobre la falsedad de un retrato que le hicieron:

“…Es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada, 
es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.”

 

 

El recomendado de 68revoluciones

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Inu Waters, habitual colaborador de esta página, ha publicado un libro de comics muy especial, especial porque es una recreación divertida e inteligente de uno de esos mitos folclóricos tan interesantes y de los que siempre se hacen cosas tan aburridas, pero que en manos de Inu se convierte en algo muy valioso: Mohan, el mito, convierte al enigmático personaje de las leyendas del río Magdalena en un mito pop, en un rock star, en un entrañable ser de carne y hueso que tiene problemas con su guitarra y que es muy querido por los habitantes de su pueblo.

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El libro Mohán el mito, es publicado por La Silueta ediciones, lo cual supone además un reconocimiento para un creador que habiendo sido él mismo editor de incontables fanzines y colaborador de diversas publicaciones de comics dentro y fuera de Colombia, no había sido reconocido hasta ahora por las editoriales “de verdad” (ni siquiera por la Editorial Robot!), siendo uno de los más prolíficos, divertidos y talentosos de los autores de este país. Para los que estén en Bogotá, el libro se puede adquirir en el Stand 248 del pabellón 3 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, en Corferias, que empezó el 18 de abril y estará hasta el 1 de mayo. Quienes no alcancen a asistir a la feria del libro, o no estén en Bogotá, siempre podrán contactar directamente al autor, Inu, quien según entiendo aun conserva unos cuantos ejemplares
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CONVOCATORIA ABIERTA: C-ZINE FESTIVAL

Nos llega este comunicado de la gente de La Ramona que pasamos a reproducir:
La Ramona Proyectos / ESPACIO 101  después de realizar el c-zine 2012 en el espacio Moebius de Buenos Aires, Argentina, con la participación de 87 propuestas de fanzine,  convoca a publicaciones independientes  al  C-ZINE FESTIVAL en el marco del LABORATORIO C-ZINES 2013 que se realizará en el espacio de proyectos El  parqueadero, con  el apoyo de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño y el Banco de la república de Colombia. Este año contaremos con un espacio abierto para la experimentación de la gráfica, el cómic y las publicaciones independientes, la invitación esta abierta para publicaciones y fanzines de todo el mundo.  Recibiremos vía postal dos copias   debidamente  identificadas con: nombre del colectivo o artista, nombre de la publicación o fanzine, año, número de páginas, país de origen y formulario de inscripción.

La Ramona Proyectos no se hace responsable por los gastos de envío.
Estaremos recibiendo propuestas hasta el 7 de Mayo de 2013

La Ramona Proyectos
Cra. 5 Nº 18- 54 – 404
BOGOTÁ- COLOMBIA

descargar el formulario de inscripción >>

 

Más información sobre ésta y otras convocatorias en la página oficial de La Ramona Proyectos

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El curioso destino de Jimmy T. Murakami

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Destino cruel y extraño el de Jimmy Teruaki Murakami (1933, San José, California), que a los 7 años fue internado con toda su familia en uno de los campos de concentración para japoneses dentro de Norteamérica durante la segunda guerra mundial. Su hermana moriría en el campo, y Jimmy y su familia al salir de ahí al final de la guerra encontrarían que habían perdido su finca y que debían buscarse la vida en un país donde tener sus apellidos o los ojos rasgados estaba muy mal visto. No obstante, el talento de Jimmy no tenía raza ni nacionalidad, y no le fue difícil encontrar empleo en la UPA , siendo parte del equipo que creó algunos de los mejores cortos animados de los años 50. Pero el de Murakami era un espíritu inquieto, y los fantasmas de la guerra y de sus orígenes lo acosaban, había sido criado por japoneses en América, y era ésa su lengua materna, y decidió partir en un barco sin decirle nada a nadie, en busca de sus raíces.

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La Toei era ya una empresa muy importante en 1958, acaso la única productora de animación del mundo que le competía en algún sentido a la Disney a nivel mundial, no obstante, luego de trabajar con ellos un tiempo, Murakami se aburrió. Era superior a él que no usaran los tradicionales pegs y las hojas perforadas y que en vez de eso se valieran de clips y ganchos para sujetar las hojas sobre las que se dibujaba (no solo le parecía mezquino, los dibujos quedaban fuera de registro). Murakami permanecería un tiempo en Japón llevando una vida muy bohemia, dando clases de inglés a meseras y prostitutas de los bares, y vendiendo acuarelas a muy bajos precios. Finalmente, se asumiría como extranjero del mundo, luego de un breve regreso a California, se radicó en Inglaterra, trabajando a las ordenes de George Dunning, dibujo animaciones comerciales bajo storyboards creados por Richard Williams, y fue adquiriendo renombre por su talento. En sus ratos libres, en casa, dibujó un corto animado experimental (poniendo una lámpara debajo de una mesa para crear el efecto de una mesa de luz), y le pidió a Dunning que lo dejara fotografiar el material en su estudio. El corto,  Insects (1961), ganaría un premio de la Academia Británica. Le siguieron, a lo largo de los años, The top (1964), Breath (1965), Magic Peer Tree (1966), The Good Friend (1968) y Bullet (1974). Entretanto, Murakami se ganó la vida como animador de comerciales de TV para varios países.


Ya en los 70 y estando su estudio de animación consolidado y reconocido, los trabajos por encargo fueron más ambiciosos (Murakami llegaría a dirigir un film de imagen real para Roger Corman, aunque no es algo de lo que se enorgullezca), un productor de Channel 4 le ofreció dirigir un especial de 26 minutos para navidad, El hombre de nieve (1982), basado en el libro ilustrado de Raymond Briggs. A Murakami le interesaba tan poco el proyecto que solo aceptaría ser el supervisor de animación. El especial, que contaba con una introducción de David Bowie, fue sumamente exitoso, y a Murakami le ofrecerían proyectos más ambiciosos.


El productor de Channel 4 volvió a llamar a Murakami para adaptar otro libro de Briggs, pero se trataba ahora de un largometraje de 80 minutos para estrenar en salas de cine. Esta vez Murakami se negó de manera más radical, meterse en proyectos grandes que no le interesaban no le dejaba el tiempo libre para dedicarse a sus propios cortos. El propio Raymond Briggs le envió entonces el libro a Murakami por correo, y éste al leerlo inmediatamente dijo que sí. Y es que para alguien como él, que consideraba que la animación era un formato desperdiciado en contar historias tontas, la historia de dos ancianos pensionados, sobreviviendo a una explosión nuclear en plena campiña inglesa no podía serle indiferente, al animador Jimmy Murakami, que había crecido en el marco de la peor guerra que vivió la humanidad y que sufrió segregación y desarraigo por ello,pero que asimismo, había adquirido a lo largo de varias décadas todas las habilidades necesarias de una de las disciplinas artísticas más complejas y exigentes, dirigir When The Wind Blows (1986) no podía resultarle más oportuno.

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When the wind blows (Cuando el viento sopla) es una película hito de la animación. Con antecedentes muy valiosos en las películas animadas de Martin Rosen, Watership Down y The Plague Dogs,  es el primer largometraje animado que aborda, de manera descarnada además, el tema de los devastadores efectos de una explosión nuclear sobre la gente común, cuya única precaución son unos (inútiles) folletos con las indicaciones para construir un precario refugio (Gen el descalzo mostró sin ambages los efectos de la bomba de Hiroshima, que era 40 veces menos destructiva que las ojivas nucleares que existían en los 80). Además de eso, es una película llena de contrastes: la espectacularidad implícita en plasmar en dibujos una guerra nuclear, contrapuesta a una historia intimista de dos ancianos metidos en una casa, dibujados con una ternura que nos demuestra su absoluta inocencia (incluso afectados por la radiación, siguen sin saber lo que realmente ha ocurrido). Murakami inventó un sistema inteligentisimo para romper la monotonía de un largometraje con solo dos personajes metidos en una casa: sencillamente animó la casa también, se construyó una maquetas tridimensional llena de detalles, totalmente coherentes con los diseños de Briggs, que permitió filmar todo tipo de movimientos de cámara que fueron integrados con los personajes dibujados, el efecto, muy anterior a la actual integración de 2D y 3D no puede ser más certero para lo que se está contando. Sumémosle a esto que David Bowie aportó la balada de título homónimo, When The Wind Blows, y que el resto de la banda sonora corre a cargo del guitarrista de Pink Floyd, Roger Waters. When The Wind Blows es una historia desgarradora, llena de nostalgia, de tristeza y de ternura, que no evita  mostrarnos lo más horrible para hacernos llegar de forma contundente su mensaje  Con una muy pobre distribución en los EEUU, la película fue en cambio muy exitosa en Inglaterra, Japón y Alemania. Lamentablemente no tuvo, mereciéndolos, la difusión y la aceptación de películas animadas adultas más recientes, como Persepolis o Vals con Bashir.

Murakami continuó alternando sus trabajos por encargo con obras personales hasta la actualidad, cuando se le ha hecho un documental que se centra en sus años de niñez: Non Alien, y prepara un nuevo largometraje llamado “Morning of a 100 Suns“, eventualmente volveremos a hablar de él y su obra más adelante.

“…Tengo que ser franco, lo mío no son las películas para niños. No es porque no quiera hacer películas para niños, pero es que pienso que los niños deberían ver cualquier cosa que se viera bien y estuviera bien hecha; solo que con menos sexo y violencia, lo cual no apruebo. Cualquier cosa inteligente, a los niños les encantaría… sin necesidad de perros o conejitos. Chicken Run es una comedia realmente bien hecha, pero el Mulan de Disney solo me da sueño. Insisto, una de las películas más exitosas para mí es South Park, que no puede ser vista por niños !!!!…” 

 

Kalashnikov

A ojo de buen cubero, este cortometraje llamado Kalashnikov  tiene muy buena pinta, teniendo en cuenta además que lo hicieron estudiantes, ya que sí, su factura es muy profesional, y el tema pues es bastante difícil de tratar, una historia que a todas luces habla de como la guerra se le atraviesa a los que menos tienen la culpa de nada. Aquellos de nuestros lectores que viven en esa hermosa ciudad que es Medellín (qué envidia), les cuento que pueden ver Kalashnikov  este jueves 21 en el Teatro Lido a las 6:30 pm, yo de ustedes iría:

 

Convocatoria Sursystem

El colectivo Sursystem, responsable de un fanzine que va ya por su séptima edición y que ha logrado un muy valioso nivel de calidad,abre cnvocatoria para participar en su nuevo número,  dedicado a la reutilización y el reciclaje, haciendo click sobre la imagen pueden ir al archivo de Isuu donde hay más información

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Un cortometraje a la deriva

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A la deriva” es un cortometraje animado que está buscando financiación por la vía del crowdfunding, esto es, la posibilidad de que la gente aporte sumas de dinero desde 10 euros en adelante, hasta conseguir lo necesario para hacer el corto. Por lo que pudimos leer de la sinopsis, parece una buena idea, una historia que se vale de la animación para hablar de estados de ánimo y de nostalgias, alejándose de esas animaciones en las que la historia es un mero pretexto para hacer un despliegue visual llamativo, pero hueco. Sorprende además, dada la calidad de los diseños de personajes y escenarios, y de la prueba de animación que puede verse en su página web, que puedan hacer algo tan bueno con un presupuesto tan limitado, razón de más para apoyarlos porque es un proyecto que definitivamente  debe dejar de estar a la deriva, y llegar a puerto seguro

 

La noche en la que una nación sintió el miedo


Estamos en 1992. La BBC prepara un especial Halloween como parte de Screen One. Debemos aclarar que la serie en cuestión, que alcanzó las seis temporadas (1989-1994), consiste en episodios autoconclusivos sin relación alguna entre ellos. Sin embargo, esta vez estamos ante algo distinto, inusual, imprevisto. Las cámaras de la cadena se trasladan a un barrio londinense para investigar una supuesta casa encantada en la que viven Pamela, madre soltera, con sus dos hijas, Suzanne y Kim. Estamos ante un directo, y he aquí la novedad, pues Screen One presentaba dramas escritos para televisión, es decir, cero directo, cero realismo, cien por cien ficción. Supongo que este es uno de los motivos por los que aquel programa, titulado Ghostwatch, cogió a los telespectadores desprevenidos. Para la ocasión, la BBC escogió a algunos de los rostros más famosos y familiares de la parrilla, entre ellos Craig Charles (sí, el mismo del Enano rojo). El programa se desarrollaba en dos espacios bien diferenciados, por un lado la casa, en la que básicamente estaba la familia Early, la reportera Sarah Greene, un cámara y un técnico de sonido. Fuera, en la calle, estaba Craig Charles, el resto de técnicos, un par de unidades móviles y un buen puñado de curiosos. El otro espacio era el estudio, desde donde se dirigía el programa. Allí se encontraba el presentador Michael Parkinson y la doctora, experta en lo paranormal, Lin Pascoe, además del marido de Sarah, Mike Smith. A destacar el hecho de que la cadena habilitó una línea para que la gente compartiese en directo sus experiencias con lo sobrenatural. Bien, este es, a grosso modo, el punto de partida.

Lo que sigue a continuación forma ya parte de la historia de la televisión británica. Basta decir que el programa estuvo censurado durante una década. Una velada censura que consistió en omitir cualquier tipo de mención o referencia a Ghostwatch los siguientes años. El programa, candidato a los BAFTA, “desapareció” sin explicación alguna de la lista de los nominados. La mañana siguiente a la emisión, Inglaterra se despertaba con los titulares de la prensa escrita haciéndose eco del caso. Hubo protestas, quejas, llamadas iracundas, gente aterrorizada, niños incapaces de conciliar el sueño aquella noche y otras por venir… Las malas lenguas hablan del suicidio de un adolescente, aunque lo cierto es que esto nunca se probó, y seguramente se trate más de una leyenda urbana que no hizo sino echar más leña al fuego.

Así, ¿qué fue exactamente lo que pasó? Buena pregunta. Podríamos simplificarlo de la siguiente manera: los espectadores vieron al fantasma. También vieron objetos volando, y extrañas marcas de humedad en la moqueta, oyeron golpes, los maullidos de un gato que nadie sabía de dónde había salido, voces extrañas… Y lo más impactante y uno de los mayores motivos de la polémica, el rostro de una de las hijas de Pamela cubierto de arañazos recién hechos. Y todo ello en riguroso directo. La gente se sentó a pasar un rato entretenido y un tanto inquietante, algo ligero, al fin y al cabo, para celebrar Halloween, y se encontró con una experiencia intensa y desagradable. Conviene aclarar en este punto por si alguien no se lo ha olido todavía es que todo era un montaje, lo que hoy llamaríamos un mockumentary, es decir, un falso documental. Lo que ocurre es que estaba hecho endiabladamente (nunca mejor dicho) bien y fueron muchísimos los que picaron y, por tanto, se hicieron caquita frente al televisor.


La mente detrás de la idea fue Stephen Volk. En su extenso artículo, el autor confiesa su afición al terror de la Hammer y a la serie de la BBC A ghost story for Christmas. También se declara acérrimo de otra mítica serie de terror escrita por Nigel Kneale y que no es otra que Beasts.  Con estas referencias en mente y con la idea de trasladar algunas técnicas del documental y el uso novedoso (por aquellos tiempos) de la cámara en mano en televisión, propuso a la BBC la realización de una serie de seis episodios titulada Ghostwatch en la que un periodista y un investigador de lo oculto visitaban casas encantadas en busca de fenómenos paranormales. El último episodio sería un programa en directo desde una de las casas donde se armaría la gorda. Como vemos, se trata de una propuesta narrativa muy (pre)meditada. La BBC rechazó la idea y propuso a cambio comprimirlo todo en un programa de 90 minutos, a lo que Stephen añadió que en ese caso podría hacerlo todo como si se tratara solamente del sexto episodio.  La propuesta era arriesgada y hasta el último momento estuvo a punto de caerse de la parrilla, pero finalmente el programa se emitió tal y como estaba previsto. Cuenta Stephen que a pesar de las dudas razonables que emergieron durante la escritura del programa acerca de si la gente llegaría a tragarse todo aquel tinglado, tuvo muy presente otros fenómenos televisivos similares de los 70: el caso de Uri Geller y el caso “Phillip”, que sí habían funcionado. La intención del autor era doble: escribir un buen show de terror para televisión y jugar/reflexionar sobre el papel de los medios de comunicación, en concreto la televisión, en la construcción de la realidad. Es decir, poner en tela de juicio que, en contra de lo que muchos pensaban (y piensan aún), no debemos creer todo lo que vemos en la pantalla. Ya se sabe, la información es manipulable, ya sea con fines emocionales o intelectuales.

La mayor dificultad de la ejecución residía en armonizar las escenas que transcurren en la casa, que había sido grabadas y hábilmente montadas semanas antes, con el riguroso directo del estudio. Sin embargo, el programa está tan cuidadosamente escrito que funciona la mayor parte del tiempo. Para los sicólogos, sociológos, siquiatras y estudiosos de lo audiovisual y su efecto en las masas, Ghostwatch constituye un buen ejemplo de la capacidad de los medios de manipular la realidad (merece la penar señalar algunos elementos clásicos del mockumentary que vemos aquí: entrevistas en televisión, titulares de periódicos, etc.) y de cómo generar histeria a gran escala. Subrayemos el hecho de que tanto en los créditos iniciales como en los finales figuraba el nombre de Stephen Volk como “guionista”. Por si esto fuera poco, todos aquellos que llamaban a la línea abierta por la BBC para compartir su testimonio eran advertidos por un mensaje de que todo se trataba de un montaje. Aún así muchos salieron en directo para compartir su testimonio.

Por otro lado, los amantes del terror encontrarán en Ghostwatch una verdadera delicia. La sociedad de principios de los 90 era mucho más ingenua e inculta en términos de comunicación audiovisual. Es por eso que al espectador actual, y sobre todo al ojo entrenado en el cine de género, todo esto le parecerá ingenuo hasta decir basta. No debemos desdeñar sin embargo el mérito del programa. Ghostwatch recoge el testigo de títulos clásicos del terror, hablamos de Poltergeist, El ente o Al final de la escalera, por citar las más célebres, y se adelanta a otros que ya se han convertido en clásicos o que actualmente rompen las taquillas. Nos referimos al Proyecto de la bruja de Blair y a Paranormal activity. Cualquier buen aficionado puede ver esto sin mucho esfuerzo. El recurso del susto en directo, cámara en mano temblorosa e imprecisa, en perspectiva subjetiva, sin música, sin montaje, está ya aquí. Las cámaras fijas distribuidas en distintos puntos de la casa ofreciendo planos fijos para brindar posteriormente el terror desnudo, “real”, también están aquí.

Es cierto, como ya he dicho, que a veces resulta ingenuo (especialmente el final, demasiado afectado, forzado), pero la idea está bastante bien ejecutada. Para empezar, en más de una ocasión durante el programa, el cámara nos ofrece un rápido barrido de alguna parte de la casa en la que se aprecia, de refilón, una sospechosa silueta. Se puede ver claramente sin necesidad de parar la reproducción, es incluso evidente; sin embargo nadie en el estudio parece verlo. Es entonces cuando se suceden las llamadas de gente que asegura haber visto algo. Se congela la imagen y se analiza en directo, pero tanto el presentador como la doctora no parecen ver nada. Esto no es sino un triquiñuela para reforzar el misterio. El contrapunto entre el escepticismo casi burlón del presentador y la fe casi ciega y su empeño por hacernos creer de la doctora constituye otras de esas artimañas de guión para apuntalar la ficción. Algunas son evidente, otras no tanto. Hay, no obstante, un par de detalles que me perecieron geniales en este aspecto. El primero está relacionado con la primera aparición del fantasma en la habitación de las niñas. Los minutos siguientes son numerosos los espectadores que llaman para comentar que les ha parecido ver una silueta humana detrás de la cortina. Un hombre, una mujer… No está del todo claro. El cuadro robot del fantasma se va complementando con sucesivas descripciones a lo largo del programa, a medida que el ente en cuestión se deja ver en varias ocasiones. Hay un momento en que la doctora Lin está anotando en una libreta una de las descripciones que alguien aporta al otro lado de la línea. Entonces levanta el bolígrafo del papel y pone esa mirada típica de peli de terror cuando alguien cree haber descubierto algo de vital importancia para el desarrollo de la historia, esa de “Un momento, ¿qué está pasando aquí? Creo que he descubierto algo” y entonces suena un piano. El caso es que la doctora pide que se recupere la grabación de una sesión que tuvo con la menor de la hermanas semanas antes, mientras preparaban el programa (“en directo”, se supone). En ella la niña habla de Pipes (“tuberías”) que es el eufemismo que usa para referirse a los golpes en las paredes que suelen despertarlas por la noche. La cría asegura haber visto a ese fantasma llamado Pipes, y cuando la doctora le pide que de una descripción, aporta una que coincide punto por punto con la que han dado los espectadores. El guionista se adelanta a la reacción del público. El golpe me parece genial. Hay más giros en este sentido.

En otro de ellos, en mitad de una manifestación paranormal en la que Pipe está haciendo de las suyas sacudiendo las paredes, descubrimos a la hija mayor escondida en una habitación dando golpes en la pared. La cosa parece desembocar en un punto muerto al llegar aquí, parece que no había fantasma después de todo. El presentador, de predisposición escéptica, da por cerrado el caso ante la oposición de la doctora, pero entonces hay otro giro… Y mi favorito, ya casi al final. En un momento de máxima tensión en el que todo se desborda y los ruidos, los golpes y las voces parece que fueran a derribar la casa, el estudio pierde el contacto con Sara y su grupo. No reciben ninguna imagen ni sonido. Cunde el desconcierto. ¿Qué ha pasado? Al poco se recupera la imagen, es un plano fijo de la cámara colocada en el salón. Vemos a Sarah y al grupo sentados en la mesa hablando tranquilamente con las niñas. Todo parece demasiado tranquilo pero nadie parece percatarse. Al cabo de unos minutos, la doctora repara en un detalle: en la pared hay un cuadro colgado que, si no recuerda mal, no estaba allí hace unos minutos porque salió volando en un momento del programa y nadie lo volvió a colgar. Ese cuadro no debería estar ahí. La imagen no es actual, parece más bien un bucle que se repite sin cesar para despistar la atención. La pregunta es inevitable, si lo que vemos no está ocurriendo en esos momentos (la secuencia pertenece a los primeros minutos del programa), ¿qué está sucediendo en la casa en esos momentos? Y, recurso narrativo de libro, justo cuando se formula la pregunta en voz alta, la imagen da un salto y vemos lo que realmente está ocurriendo entre aquellas paredes, y pasamos del espacio abierto e iluminado del salón, a otro oscuro y cerrado, asaltados por gritos escalofriantes. Puedo entender que a muchos se le subieran en ese momento las pelotas hasta la nuez. Veinte años después puede ser previsible, pero dudo mucho que entonces lo fuera.

Podría dar una lista interminable de detalles, recursos de guión (un testimonio por teléfono contando la historia de una familia que vivió en la casa y cuyo hijo se suicidó en una de las habitaciones, que además tenía un gato…) de película de fantasmas clásica. Ghostwatch es, ya digo, un fenómeno a tener en cuenta. Una pieza de coleccionismo para los amantes del terror. Una rareza televisiva. Una lección de narrativa. Una pieza de metaficción. Una reflexión sobre el poder de los medios. Es muchas otras cosas. Y aquí recomendamos verla.

 

Arbitrariedades: Shakespeare en la TV

  1. Hace un par de semanas leí un artículo con un título terriblemente efectista “Si Shakespeare viviese hoy, escribiría para HBO“, por aquello de que las series de TV actuales han adquirido una mayor tesitura dramática de la que nunca habían tenido, que es cierto. Pero no, no es cierto que Shakespeare hoy escribiría para la TV, no soportaría las presiones del rating, ni trabajar en equipo con otros guionistas, además, si él existiera hoy, la dramaturgía no habría llegado a donde ha llegado, porque él no habría escrito en la época en que lo hizo.
  2. En todo caso, si Shakespeare no hubiera escrito Hamlet en 1603, hoy no existiría HBO.
  3. Y en todo caso, Shakespeare no tuvo nada que ver con el folletín, que es el verdadero padre de las series actuales, el que eventualmente habría disfrutado trabajando para HBO habría sido Balzac.
  4. Peor aun, las mejores series ya no las hace HBO, ahora están en AMC, en FX, en Showtime, en Comedy Central, o incluso en la BBC de Inglaterra.
  5. Lo que sí es un hecho es que hoy se hace la mejor televisión que se ha hecho en la historia, la serie danesa Forbrydelsen o la americana Breaking Bad son fácilmente los mejores audiovisuales que se han concebido para ser emitidos por televisión, y sí, tienen más de obras de arte que de productos de consumo masivo.
  6. Pero son productos de consumo masivo.
  7. Aun no existe, y la lógica del medio hace pensar que jamás existirá, la “televisión independiente“, que es la que favorecería la “televisión de autor“.
  8. No se trata de que el cine tenga un status más alto, se trata de que sigue haciéndose mejor cine que televisión, que con todos los problemas que implica enfrentarse a las productoras, los canales de distribución, los inversionistas, siempre hay más posibilidades de que un autor mantenga el control sobre su obra en el séptimo arte que en ese nuevo arte que aun no tiene numeral (décimo arte?), especialmente en todos esos países que no son los Estados Unidos de América.
  9. Pero sí, se está haciendo muy buena televisión en la actualidad, con buenas historias, y en cambio la gente solo va al cine a ver las películas 3D, que son las que tienen los peores guiones.
  10. Tanto así, que lo que si podemos afirmar, muy arbitrariamente, es que si Shakespeare resucitará hoy, seguramente se sentaría a ver detenidamente los siete capítulos de esa obra maestra que es The Shadow line (la de la foto que encabeza esto).

Se debería, en un futuro próximo, hablar más de las series de TV de la actualidad en este blog, de Breaking bad, de American Horror Story, de Homeland, digan ustedes de cuál de éstas, o de cuál otra, se desea una reseña. por lo pronto, en esta misma semana, Elchinodelpelocrespo como es ya su costumbre de comentar temas absolutamente insospechados, nos traerá un artículo sobre una de esas rara avis que la TV produce una vez por década, la extrañísima Ghost Watch.

 

Carboncito


Hace años escribí una nota sobre el cómic peruano, ya que me sorprendió ver, desde lejos y sin conocer a sus autores personalmente, que había una movida bastante heterogénea e interesante en torno al cómic en ese país. Lo bueno fue que escribir ese artículo directa e indirectamente me ayudó a contactar a creadores que hoy considero mis amigos personales, así que sí, no soy totalmente objetivo para hablar de la edición No. 15 de Carboncito, pero no creo ser arbitrario si afirmo que lo que me parecía que se gestaba en Perú hace años ha crecido muchísimo, en calidad y en cantidad, la revista editada por los también dibujantes hermanos Gonzales, Renso y Amadeo, no solo es una muy completa muestra del panorama de las historias dibujadas en su país, si no que la publicación ha abierto las puertas a autores viejos y nuevos de todo el continente. En Carboncito participan dibujantes de Argentina, Bolivia, México, Venezuela, Colombia e incluso Estados Unidos, casi 40 autores en una publicación de 108 páginas, que pasó de ser un discreto fanzine a poco menos que un libro antológico, donde se juntan estilos y sensibilidades muy diferentes con un solo punto en común, la búsqueda personal de cada autor. Además de eso, el diseño de Carboncito, la diagramación y la impresión son excelentes. Así que la publicación  se convierte en un ejemplo único en toda la región, que de seguir por este camino, ampliando aun más el ya variado listado de autores, eventualmente incluyendo algún artículo, alguna entrevista,  puede convertirse en una suerte de Mome sudamericano, y por supuesto que eso está muy bien.

Ante tal avalancha de creadores y lo tedioso que sería reseñar a cada uno con detalle, me tomo el atrevimiento de hablar un poco de los que más me gustaron, el trujillano Oscar Alarcón y su cómic homenaje al rockero francés Little Bob, que temáticamente me remite a los comics rockeros de las primeras metal hurlant, y visualmente me confronta con un artista plástico que se da el lujo de hacer cómics. Ernán Ciriani y su “Tengo mucho mundo”, que es el cómic que más me ha gustado de todo lo que le he leído a Ernán, que es mucho, Ciriani tiene un sentido del humor desbordante, esta historieta suya exuda por debajo del tono de comedia, una melancolía muy poética. Mi amigo Inu Waters y su Poder gordo, donde Inu lleva su extraño sentido del humor a extremos insospechados y va cambiando de estilo de dibujo casi que en cada viñeta, logrando algo que parece dadaismo en cómic, me encanta ver material de Inu publicado, en Carboncito o en Sursystem, es un autor que tiene tanta obra y tan variada que se podría hacer un libro recopilando tanto su material publicado a lo largo de años en varios fanzines, como sus cientos (sí, cientos) de páginas inéditas. También me gustaron mucho las páginas centrales a color de Amadeo y Renso (y la contratapa de Marco Tóxico), la increíble portada de Dr. Alderete, el cómic pirómano de Alexandra Torres, y las historias breves y buenas de Camila Torre Notari, Mauro Trotta y Wilmer Fashé, así como las tiras de mis amigos Truchafrita y Nomás.

Me emociona que Carboncito haya llegado a ese nivel de calidad, me alegra ser amigo de sus editores y me conmueve que me hayan invitado a ser parte de algo tan bueno.