Todas las historias
deben ser contadas

Yo si leo condorito

Por Alvaro Velez publicado el 12/24/2004 archivado en comics

Columnista invitado: Alvaro Velez


Esta vez, Alvaro Velez emprende la apología del paradigma del cómic subdesarrollado, e invita a salir del closet a falsos intelectuales que por snobismo desprecian al personaje sudaca por excelencia en las historietas de la América latina, al talento de Alvaro se ha unido el de [el señor Juanito] para homenajear a Condorito en la imagen que encabeza este texto.

En un quiosco de revistas, en el supermercado, en la sala de espera de la odontología, penosamente arrinconado en casa de algún amigo o escondido entre libros, de más validez intelectual, en nuestra propia biblioteca; en todas partes parece estar Condorito, quizás sea por eso que se le esconde. Su carácter popular despierta la desconfianza del intelectual, el sabio lo acusa de simplista y ramplón y sus lectores son vistos con desprecio o, peor aun, con compasión por malgastar su tiempo con ese cóndor humanizado en historietas.
A comienzos de la década de 1940 el Departamento de Estado, motivado por el conflicto de la Segunda Guerra Mundial, inicia su “operación simpatía” hacia América Latina. Bajo este contexto se producen las películas de Walte Disney Saludos amigos y Los tres caballeros, en las cuales se estereotipa a algunos pueblos latinoamericanos con animales antropomorfos, por ejemplo Brasil es representado por el papagayo Pepe Carioca y México por el gallo Pancho Pistolas. Condorito surge como respuesta a la miopía e ignorancia de Walte Disney con respecto a una representación válida para Chile. Desconociendo la tradición y la histórica representación que tiene el cóndor para el país austral, Walte Disney inventa, dentro de su propaganda en dibujos animados, a un avioncito humanizado llamado Pedrito, que cruza la cordillera de los Andes para entregar una carta. El cóndor brilló por su ausencia y el rey del bestiario chileno fue reemplazado por un insulso avioncito. La misión de rescatar tan desastrosa omisión la tomó René Ríos (alias Pepo), dibujante chileno que contaba ya con una amplia experiencia dentro del mundo de la historieta.
Condorito aparece, por primera vez, en 1949 en la revista Okey. Aunque su apariencia es algo diferente a la que conocemos hoy, desde un comienzo se ven ya las características que lo hacen tan famoso hasta entonces. La ramplonería, lo fantasioso y la búsqueda del chiste fácil son las acusaciones de quienes leen a Condorito al escondido, ignorando aspectos tan valederos que lo hacen ver como la historieta más representativa de Latinoamérica, mejor aun que las mediocres aventuras de Kalimán, el lacrimógeno Memín, el histérico Larguirucho, la inteligencia precoz de Mafalda, el constante reclamo de Copetín o la propaganda política de Elpidio Valdés.
Qué más latinoamericano que Condorito. Pepo ha creado en la historieta del cóndor humanizado un universo completamente cercano a nuestra realidad, ejemplos de tal afirmación hay en cantidad dentro de la historieta de Pepo, como el coro de personajes que acompañan a Condorito: Don Chuma, compadre del cóndor, buen hombre, desprendido y amplio con sus amigos; Ungenio, el idiota de la historieta; Garganta de Lata, el irremediable pero feliz beodo; doña Tremebunda y don Cuasimodo, suegros de Condorito, arribistas e interesados; Yayita, la novia de curvas insalvables, coqueta y a la vez conservadora; Pepe Cortisona, el malo, pretencioso y mentiroso; Huevoduro, el amigo incondicional en las buenas y resbaloso en las malas; además de todos lo que faltan –Cabellos de Ángel, Comegato, Che Copete, Titicaco, Coné, Yuyito– que, a lo sumo, no son más que una representación del vecindario completo en cualquier barrio latinoamericano.
Condorito no peca de inconsciente, jamás se casará con Yayita, es realista con su condición económica y por eso prefiere darle largas a su provocativa novia antes que consumar una segura perdición. Consciente es también de su estrechez mental, no se las da de muy conocedor o vanguardista porque siempre que surge un absurdo no vacila en exigir una explicación. Es un ave noble pues recibe en la ciudad, tal y como lo hace un buen pariente, a su sobrino Coné –que viene del campo, exactamente del sur de Chile–, le da hospedaje, comida, buen ejemplo y educación.
Pero Condorito es sobre todo un auténtico latinoamericano por su condición de rebuscador, un aventurero, un luchador que no se da nunca por vencido dentro y fuera de esa ciudad pequeña, ese pueblo grande y provinciano que es Pelotillehue: Funcionario, abogado o embaucador; puede ser también mago, trapecista o domador; en la selva es el cazador, el caníbal, Tarzán o el leñador; trabaja la cerámica, la madera o el metal; es músico, escritor o pintor. Condorito, así esté en su colección de lujo “el libro de oro” o en su edición regular, es como ustedes o como yo, tanto que al final de sus historias, al igual que en las nuestras, todos terminamos tarde o temprano con un simple ¡Plop!

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