Todas las historias
deben ser contadas

Eurotrash I:Basura a la italiana

By diegogue on 07/04/2005 in Cine
1
0


Posando para la historia, Gloria Guida, Fernando di Leo y Lilli Carati, actrices y director de Avere vent’ Anni.

Los años 70 fueron quizá la mejor década para el cine italiano. Con una gran industria consolidada, una tradición enorme a cuestas y un star system que competía con el de Hollywood abiertamente, fue en estos años que muchos realizadores pudieron dedicarse holgadamente a realizar cada uno la pélicula que quizo: Bertolucci (1900), Passolini (Saló), Cavani (Portero de noche), Visconti (La muerte en Venecia) o Fellini (Amarcord); siendo éstas y otras más obras imperecederas que dejaron a sus realizadores en un lugar muy alto en la historia del cine universal. Pero ése no fue el único cine italiano de esos años, además de docenas de comedias adocenadas (pero siempre graciosas), spaghetti western cuya mayor virtud era su absoluta falta de autenticidad (así como la mayor cualidad de Dario Argento es su inverosimilitud), fue en esa década decadente y descreída que salieron a la luz las obras de directores que son acaso los peores de la historia: Ruggero Deodato, Bruno Mattei, Lucio Fulci, Joe D’Amato entre otros muchos.


Robándose conceptos creados en otras latitudes (los zombies, el futuro apocalíptico), explotando con descaro íconos de la cultura popular (Frankenstein, Dracula, el hombre lobo), robándose entre ellos mismos las ideas exitosas (los caníbales, los serial killers), estos directores conciente o inconcientemente se atrevieron a fusionar géneros de la peor manera y rompieron todas las barreras que el buen gusto (y la censura que imperó hasta décadas anteriores) habían hecho imposible franquear. Lo que pasa con los italianos, a diferencia de los demás europeos, es que su cine basura tiene una capacidad de sorprender absoluta. Resulta impresionante descubrir que en medio de tantas películas espantosas, Holocausto Caníbal (Cannibal Holocaust, 1980) tenga un guión excelente con una crítica implacable a los medios de comunicación (lo cual no le quita que sea una obra de pésimo gusto realizada en condiciones muy poco éticas); sorprendente asimismo que La bestia en calor (La Bestia in Calore, 1977) mezcle exploitation nazi con una desgarradora alegoría antibélica que uno jamás sabrá hasta que punto debe tomarse en serio; pero la obra más inesperada de estos años es la de un director que, como casi todos sus colegas, se movió entre el erotismo, el policial y el terror sin preocuparse demasiado por cruzar las fronteras de estos géneros, pero que, en Avere vent’ Anni (Tener 20 años) dejó, quién sabe que tan a propósito, una obra hito, no menos importante que las de los artistas mencionados en el primer párrafo.


Avere vent’ Anni (1978) de Fernando Di Leo es una película de culto extrañisima. Extrañamente inteligente, extrañamente oscura y extrañamente lograda. Su exagerado nihilismo le supuso una absurda reedición fuera de Italia que no sólo la dejó irreconocible sino que no la ayudó a ser exitosa en taquilla; parecía condenada al olvido, pero el actual auge de reediciones en DVD de cualquier película que huela a exploitation en su versión original sin cortes ha permitido que casi 30 años después de salir a la luz pueda ser apreciada en su justo valor. Tina (Lilli Carati) y Lia (Gloria Guida) son dos hermosas muchachas (de 20 años) que hacen auto stop para llegar a Roma, a una comuna hippie. Pero el hippismo en 1977 ya no es lo que era a finales de los sesenta, la expectativa de vida en comuna y amor libre es trastocada por la de una casa de squatters regentada por un vividor que tiene más de empresario que de gurú hippie, donde los jóvenes no quieren sexo sino heroína, y la policía tiene infiltrados para perseguir disidentes políticos entre los desadaptados. Luego de robarse el almuerzo en un supermercado, intentar vender enciclopedias, ser parte de un documental cinema verité que pretende explicar el vacío generacional (secuencia que expone el punto de vista del director además) y de buscar el amor inútilmente entre los demás y entre ellas mismas, Tina y Lia abandonan la ciudad, pero el destino se torna aciago y las hará caer víctimas de una sociedad que no está dispuesta a tolerar la frescura con que estas jóvenes pretenden afrontar la vida. En la oscuridad de un bosque las muchachas correrán la peor de las suertes, en lo que resulta uno de los finales más crueles que se puedan ver en el cine, porque eso y no otra cosa es lo que logra exponer Fernado Di Leo, en esta versión femenina de Easy Riders que demuestra que aun entre la basura se pueden encontrar obras maestras.

Comentarios

comentarios

1 Comment

Add comment

deja tu comentario