Todas las historias
deben ser contadas

El fin del amor romántico

Por Alvaro Velez publicado el 07/11/2012 archivado en comics

“¿A quién le importa si una mujer decide cobrar por sexo?”, se pregunta Robert Crumb en el prólogo del libro Pagando por ello, memorias de un putero (Ediciones La Cúpula, Barcelona, 2001), del canadiense Chester Brown. Con un dibujo sencillo y minimalista, Brown nos conduce por sus experiencias con la prostitución en la ciudad de Toronto. El inicio del periplo de Chester Brown es sencillo: cansado de la entrega absoluta y las condiciones que supone mantener una relación romántica, decide romper con su novia Sook-Yin y resuelve, simplemente, ir de putas con la premisa de que en toda relación siempre se paga algo a cambio de poder tener relaciones íntimas. Antes de dar el primer paso hacia el mundo del sexo pagado, el autor intercambia opiniones con sus amigos y colegas dibujantes Seth y Joe Matt, al igual que con su amiga Kris Nakamura, lo que nos permite como lectores asistir a diálogos donde la moral, la higiene, las normas, las opiniones subjetivas, las costumbres y los mitos alrededor de la prostitución y del amor romántico van ubicando a los personajes en diferentes posiciones. Claramente, el enfoque de Chester Brown es objetivo: si quiero tener sexo y no puedo acceder a él en el amor romántico, porque me es complicado manejar otros aspectos de ese tipo de relación, entonces simplemente pago por ello. A partir de esa premisa, y después de indagaciones e intentos por relacionarse con prostitutas, Chester Brown consigue por fin su objetivo. De esa forma el relato toma vuelo porque el autor va contando, en una especie de diario con fechas y con las mujeres con que se relaciona, sus experiencias con el sexo pagado. El libro está dividido en capítulos, cada uno de ellos relacionado con una prostituta y con los encuentros con ésta. A veces, y como es lógico, va a visitar más de una vez a una mujer, entonces se estrechan más la relaciones y el autor nos regala, además de la consabida relación sexual dibujada, una conversación poscoito que muchas veces es más reveladora que el intercambio de fluidos que la precedió.


Pero el putero y dibujante es respetuoso en su relato, cambia el nombre de las prostitutas y, a pesar de que es dibujado, nunca se ve la cara de alguna de ellas porque las ubica sin mostrar el rostro o, simplemente, cubre su cara con un globo de diálogo. También cuida de dar una información detallada de la vida personal de cada una de las chicas con las que se acuesta. En todos estos sentidos Chester Brown es absolutamente respetuoso con sus encuentros sexuales, a pesar de que en los mismos su dibujo es explícito al punto de que podemos entrar en la intimidad de sus relaciones con las prostitutas y de asistir, como un típico voyerista, a las sesiones de sexo (como si fuera poco, el libro viene recomendado por algunas organizaciones y líderes de trabajadoras sexuales en Norteamérica). La construcción formal del cómic Pagando por ello, memorias de un putero, es bastante atractiva quizás por lo que parece no mostrar: es un dibujo con pocos detalles y en un montaje con pequeñas viñetas. Chester Brown no hace alarde de grandes escenarios, mantiene casi siempre los mismos planos (medios, enteros y generales) y las posturas, en los momentos del sexo explícito, son completamente “normales”. Esto quizás reduzca la carga erótica, y hasta pornográfica, del cómic en su superficialidad, pero aumenta el interés por lo que el autor quiere mostrar más allá de sus experiencias con la prostitución: que la misma no debería tener una carga moral tan fuerte porque se trata de una relación entre adultos, con consentimiento de ambos. ¿Qué diferencia puede haber entre el sexo dentro del amor romántico y el de la prostitución, si ambos, al final de cuentas, tienen que ser pagados con algo? Parece preguntarnos Chester Brown a lo largo del relato, en sus encuentros con las prostitutas, en las conversaciones con ellas o con sus amigos acerca del asunto. Este libro, además, va más allá de un simple diario de putas.


Chester Brown ha agregado al final del relato en cómic una serie de anexos que explican no sólo la forma tan detallada y respetuosa como construyó el relato sino además, y más importante aún, sus opiniones sobre la normalización de la prostitución en Canadá, sobre cómo es vista esta práctica en un mundo machista y de doble moral, además de explicar el hecho de que la prostitución ejercida de manera libre, con el consentimiento de ambas partes, es una transacción normal y beneficiosa para quienes la practican. Finalmente, y como lo vamos descubriendo, Brown desecha por completo el amor romántico y termina construyendo su vida sexual alrededor del sexo pagado. Pero no todo es vacuo y frío como parece, pues el mismo Chester Brown termina “enamorado” de una prostituta llamada Denise, o por lo menos teniendo con ella una especie de relación de monogamia donde, obviamente, el dinero está aún de por medio. El autor se despide del relato en una calle de Toronto, mientras conversa con su amigo y colega Seth y lo pone al tanto de su nueva relación de monogamia pagada: “Así que pagar por sexo no es una experiencia vacía si estás pagando por sexo a la persona adecuada”.

Comentarios

comentarios

  • diegogue
    diegogue 07/11/2012 Reply

    la vuelta tan larga que me tocó dar para poder comentar este excelente artículo! jajajaja…

    en fin, le tengo muchísimo respeto a Chester Brown, creo que esta reseña analiza 2Pagando por ello con mucha” objetividad, y nunca diría que esta última novela gráfica suya es una obra menor, aunque me guste menos que Louis Riel, o el Payaso Quimby, lo que pasa es que me parece una obra horrorosamente fría! la forma en que se refiere el propio Brown a sus laberintos emocionales creo que escandalizaría al propio Robert Bresson por su frialdad quirúrgica, es una autobiografia que parece escrita por un muerto, y yo, que ya no soy tan joven (y que nunca me he creído demasiado romántico), me resisto a pensar en el amor del modo en que piensa este gran autor canadiense, no se trata de echarle leña al fuego al debate moralista acerca de la prostitución (aunque confieso que el concepto de la prostitución, en nuestra época, me parece un poquito aberrante), si no a esa idea que acuña Brown, de ser tan racional con el amor, y de aceptar con esa monstruosa parsimonia, el fin del amor romántico, por otro lado, los dibujos, eso de repetir encuadres como si fuera un meme me pone nervioso, me desensibiliza aun mas con lo que se me está contando

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