Todas las historias
deben ser contadas

Simplemente Julia Gfrörer

By Elchinodepelocrespo on 07/14/2012 in comics
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No es frecuente ver a una mujer haciendo tebeos de terror (excepto en Japón). No es frecuente ver a una mujer haciendo tebeos porno (¿excepto en Japón?). No es frecuente encontrar a una mujer que mezcle el erotismo y el terror en un solo tebeo (…). Pues bien, Julia Gfrörer lo hace, y además rematadamente bien. Una de sus ilustraciones salió a mi encuentro en el tumbrl de Same Hat!, rincón dedicado al manga marginal, un tanto underground, guro, indie, y reconocido devoto de Kazuo Umezu y, en menor medida, de los Maruo, Kago, Hanawa y compañía. A día de hoy, Julia Gfrörer ha publicado dos historias por separado, al margen de otras colaboraciones más modestas con revistas y fanzines. La primera se titula Too dark to see, y se trata de un extraño relato de fantasmas erótico. El sexo y la carne están aquí plenamente justificadas, pues se deduce que el ente, o la aparición, o el fantasma, que emerge de la pared como una gran mancha negra de contornos temblorosos, absorbe la energía vital de sus víctimas mediante el coito (¿íncubos/súcubos?). Julia no se ceba ni tampoco se recrea en estas escenas más de lo necesario. A pesar de eludir los eufemismos, las posturas engañosas y de mostrar el acto de una manera bastante frontal (incluso cruda, desapasionada), se trata de una representación ciertamente comedida y neutra. Hay, además, un poso de J-Horror en esas apariciones negruzcas como borrones de carboncillo que a más de uno hará evocar impresiones extrañas. Tal vez el final se me antoja un tanto hermético, tal vez sobran viñetas de repetición y páginas de inactividad cotidiana un poco superfluas, tal vez no sé lo que digo, en cualquier caso, es un acercamiento al terror personal, fresco, elogiable y prometedor. La segunda se titula Bone and flesh. Lo que Julia nos ofrece esta vez es una historia de amor más allá de la muerte, aderezada con una ambientación de cuento clásico centroeuropeo en la línea de Hansel y Gretel. Hay una casa en mitad del bosque, un par de niños (¡y por dios cómo acaban!), una bruja, un amante que languidece, y una amada fallecida. Hay también buenas dosis de esoterismo, invocaciones, belleza simbólica, reflexiones sobre el significado del amor y de la muerte, mandrágoras, ahorcados y eyaculaciones. De nuevo Julia se muestra sobria pero contundente a la hora de retratar los excesos de la violencia. Con una viñeta nos muestra un cuerpo colgado boca abajo, abierto en canal, enmarcado en una ventana que da al interior de una casa. Una sola viñeta hace las veces y cubre los excesos de tanto comic de terror gratuito. Sencillo, directo, impactante… Adoro a Julia, ¿lo he dicho ya? Otra escena de violencia en la que un búho ciega a un niño se resuelve en apenas tres viñetas. De tan concisa y precisa, resulta difícil de olvidar. De nuevo, la artista procede con modestia y elegancia. La escena de la invocación del demonio es otro de los platos fuertes de Bone and flesh. Una cabeza de león que emerge de un cáliz coronada de fulgores conversa con la bruja y de paso nos alecciona sobre lo ilusorio del amor frente a la única certeza de esta vida: la muerte (¡yujuuu!). Para releer con calma. El final traza una dolorosa moraleja: el amor más allá de la muerte solo es posible a través de la muerte misma. La escena final juega a desplegar al unísono el conflicto entre la ilusión del amor y la realidad de la muerte. Sorprende, entre tanto cadáver, el tono lírico que Julia es capaz de alcanzar. Un raro final de una belleza estremecedora. De nuevo eliminaría alguna página de repeticiones y raccord innecesarios, cansinos, renqueantes, pero por lo demás, es un buen tebeo de terror, y no salen vampiros, ni zombis, ni caníbales, ni zombis/caníbales sodomitas, que con los tiempos que corren es ya mucho decir. Sería un tópico sospechoso de machismo bienintencionado decir que sólo una mujer (una mujer inteligente, claro está) puede conjugar el terror y el erotismo como lo hace Julia (y quien lo dude, que repase el terror de la década de los setenta y encontrará sin esfuerzo las siete diferencias), no obstante lo voy a decir: sólo una mujer inteligente puede conjugar el terror y erotismo como lo hace Julia, sin excesos innecesarios, sin necesidad de epatar ni de congraciarse con nadie, tampoco de horrorizar y ni de golpear al lector con brutalidad y violencia gratuitas. Lo dicho, conviene no perder de vista a Julia. Sus tebeos aún no han sido raptados por los piratas. Los originales, modesta pero primorosamente editados, se pueden conseguir por menos de diez dólares, y a fe que merecen la pena. Aquí ya lo dijimos.

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